Entonces, Kim Jong Il expresó: "¡Con qué sosiego podemos dejar a nuestros niños montar las instalaciones de diversión, sin recorrerlas ni una vez! Vamos a verlas todas aunque se tarde un poco".
Y trató a subir al automóvil de inercia, que causa gran marea al tomar de día, por su alta velocidad y fuerte declive y curva de la trayectoria. Teniéndolo en cuenta, los funcionarios le pidieron dejar de tomarlo. Sin embargo, él tomó asiento en el carrito, diciendo que no le importaba, porque eran todos los aparatos de diversión que se utilizaría por el pueblo. Apeándose de él, el General señaló con cariño: "Tal vez los abuelos que vienen en compañía de sus nietos puedan estar incrédulos de la seguridad de este carrito que va y viene en lo alto del cielo y decirles ´No, por poco cae´. Pero, si conocen que ya hemos probado, les dirán ´Anda, sube pronto´."
Este episodio demuestra la sublime concepción del pueblo del Dirigente Kim Jong Il, que adornó cada paso y cada instante de sus visitas de trabajo con el amor al pueblo, y con ello, la larga trayectoria de su gran abnegación.
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