Ahora volvemos a él para centrarnos en un inmenso monumento de bronce de cuatro metros de altura y de fuerte carácter simbólico en la ciudad.
En el paseo marítimo de El Rinconín de Gijón, con el viento en la cara y la sal del mar en los labios, se encuentra la escultura de La Madre del Emigrante.
Fundida por el escultor cántabro Ramón Muriedas Mazorra e inaugurada en 1970, este monumento rinde homenaje a las innumerables madres asturianas que se quedaron en estas orillas mientras sus hijos e hijas zarparon hacia Cuba, México, Argentina y Uruguay desde finales del siglo XIX hasta principios del XX. La emigración moldeó la Asturias moderna, y la ciudad quiso una obra que hablara con claridad de esa historia.